¡Hola~!
Estos días ando sin mucho que contar (entre otras cosas porque ando bastante liada), pero quería comentaros una cosilla que me pasó el otro día. Más bien ha sido la historia de cómo he caído en los brazos de un manga sin ni si quiera darme cuenta.
Como ya os había dicho hace meses, estoy intentando no empezar series nuevas y menos que estén abiertas en Japón. El caso es que había cierto manga que cada vez que iba a la librería me llamaba la atención, pero casi siempre pasaba de él porque está abierto. Y con esta política, estuve evitándolo como durante cuatro meses, cuando el otro día... caí.
Cometí el error de abrir el tomo por la primera página y la ilustración a color me enamoró. Ya sabía de antes que el dibujo era de mi estilo y me gustaba, pero había hecho el esfuerzo de evitarlo. Y no lo conseguí. Por no mencionar que la edición es de Norma editorial (lo cual garantiza que está muy chula) y además venía con caja. Sí, muchos ya lo habréis adivinado: os estoy hablando de Noragami.
Si me pongo a pensar en ello, es como si un tío buenorro me estuviera dando la brasa toda la noche y, cuando estoy a punto de irme, me fijo en su cara y digo que sí. Más o menos así me sentí cuando llegué a mi casa y vi que volvía a las andadas. Ains, si es que no tengo remedio.